6 nov 2011

Fundamentación y Objetivos

Fundamentación.
Si la base dos o los números romanos siguen presentes en los programas escolares ya no es por su utilidad en las computadoras o para leer la hora en el reloj, sino que poseen un objetivo relativo al estudio de los sistemas de numeración. El estudio de los sistemas no decimales permite analizar cuál ha sido la evolución de ese concepto a través de la historia, cuáles han sido los obstáculos a su desarrollo y cuáles las ventajas de nuestro sistema de numeración, así como comprender las propiedades básicas del sistema y sus reglas de funcionamiento.

Objetivos
  • Objetivo General
       Comprender el sistema de numeración romano y su uso en la actualidad.

  •  Objetivos Específicos
-          Conocer el sistema de numeración romano.
-          Reconocer los diferentes símbolos y su equivalencia en el sistema arábigo o decimal.
-          Indicar las distintas reglas o normas para la formación de números romanos.
-          Conocer los usos actuales de los números romanos.
-          Realizar actividades para aplicar las reglas que rigen el sistema de numeración romano, así como también la escritura, lectura y conversión al sistema decimal y viceversa.

5 nov 2011

HISTORIA DE LOS NÚMEROS ROMANOS


La historia de los números romanos puede ser marcada a lo largo de la historia de la antigua Roma. Los registros más antiguos que representa el uso de números romanos se remontan al siglo octavo o noveno antes de Cristo. Su uso disminuyó con la caída de Roma en el siglo II dC y que pronto fueron sustituidos por números arábigos.
El Imperio romano difundió en toda Europa, norte de África y Asia occidental su propio sistema de numeración, que todavía se utiliza en algunos contextos especiales. Este sistema utiliza letras como símbolos de varias unidades elementales.
Una de las tantas teorías acerca del origen de este sistema de numeración explica que los primeros romanos, influenciados por los etruscos, comenzaron a representar números de forma calculística, es decir, poniendo tantas cuentas (palotes o rayas verticales, en este caso) como unidades tuvieran que contar.           
Así nace el símbolo "I" para la unidad. Pero claro, cuando había muchas unidades, esta forma de escritura resultaba tediosa y poco práctica, así que, al igual que muchos de nosotros hemos hecho alguna vez, cuando llegaban a 10 unidades, tachaban el décimo símbolo "I" (I), lo que, al cabo del tiempo, dio origen al símbolo "X" para representar el número 10. Posteriormente, se observó que escribir hasta nueve veces el símbolo "I" para representar unidades, seguí siendo poco práctico y podía llevar a errores, por lo que, en algún momento de la historia, alguien decidió utilizar la mitad del símbolo "X" para representar la mitad de 10 (5): así nació el símbolo "V".
Se presenta una versión alterna del origen de los números pequeños del sistema numeral romano en el libro The River Mathematics [Alfred Hooper. New York, H. Holt and Company, 1945]. Hooper alega que los dígitos corresponden a signos hechos con la mano. Por ejemplo, los números I, II, III y IIII corresponden a los números de dedos alzados a la vista de otra persona. Entonces, la V representa esa mano alzada con el pulgar separado de los demás dedos juntos. Los números del 6 a 10 se representan con dos manos como sigue (mano izquierda, mano derecha) 6=(V,I), 7=(V,II), 8=(V,III), 9=(V,IIII), 10=(V,V), y el símbolo X resulta de cruzar los pulgares o de alzar ambas manos formando una cruz.
En cuanto al resto de símbolos, la "C" era la inicial de Centum, la "M" de Mil, aunque, según parece, originalmente se utilizó la letra griega digamma (Φ, como Phi) para representar el millar. De esta última notación, parece que se obtiene la "D" como símbolo para el 500, ya que "D" podría interpretarse como la mitad derecha de Φ. El 50 (L) se escribía de modos distintos: N, И, K, Ψ, ⋔, etc., pero tal vez el más frecuente era una forma como una flecha apuntada hacia abajo, como una V y una I encimadas: ᗐ. Ésta se había achatado hasta formar una ⊥ (una T invertida) para la época de Augusto , y poco después se había identificado con la letra L, que se le parecía gráficamente. Los romanos no reconocían el cero como número por lo que no existe un símbolo o letra para representarlo.